viernes, 7 de marzo de 2008

TANTO GUSTO, bloggero que no sabe seguir instrucciones y recomienda algunas películas para regalar.
Broadcast News, James L Brooks. Adoro la escena en que el personaje de Holly Hunter (una productora periodística), le describe a un taxista calle por calle por dónde tiene que irse para llegar al aeropuerto. Cada vez que puedo la imito. Los chóferes me odian, pero mi ego crece. En una escena alguien le comenta con sarcasmo “¿Debe ser agotador tener siempre la razón?” y ella responde con resignación: “Sí, no sabes cuánto”.
To Die For, Gus Van Sant. Un poema para los trepadores. El personaje de Nicole Kidman, una aspirante a mujer ancla, me dejó sin aliento con la mejor lección de ética del cine “¿De qué sirve ser bueno si nadie te está mirando?”.
The Paper, Ron Howard. Glen Close es una editora demasiado cara para un tabloide. Michael Keaton hace de reportero con conciencia laboral y ansias de heroísmo. Close se enfrenta a la posibilidad de exculpar a un par de chicos acusados de un crimen. Es viernes, es hora de cierre y la verdad cuesta cara: "Bueno, los jodemos hoy y los reivindicamos el domingo. Y todos felices".

RODRIGO PINTO, crítico literario
Costas extrañas. Ensayos, 1986-1999, J.M. Coetzee (Debate). J. M. Coetzee, el escritor sudafricano que ganó el Premio Nobel de Literatura en 2003, ha desarrollado también una interesantísima obra ensayística, especialmente en The New York Review of Books. Buena parte de esos ensayos están recogidos en Costas extrañas, un notable paseo literario que aborda, entre otros autores, a Defoe, Borges, Dostoievski, Mahfuz, Kafka y Musil. Además de los conocidos, Coetzee escribe sobre otros sudafricanos y vuelve a demostrar que el paisaje exterior es de una riqueza inabarcable, una costa extraña mirada desde lejos de la que apenas de adivina el perfil.Lejos del vicio de la erudición, Coetzee es un lector agudo y perspicaz, anclado en su tiempo y en los problemas conteporáneos. Su ensayo inicial sobre qué es un clásico es una real clase de cómo abordar la literatura desde su doble inscripción en el tiempo, el momento de la escritura y el momento de la lectura. Cuando escribe sobre las memorias de su compatriota Breyten Breytenbach, entra de lleno al problema más candente de Sudáfrica durante décadas, el apartheid. En este punto su obra ensayística enlaza perfectamente con dos obras autobiográficas, Infancia y Juventud.
El mundo, el texto y el crítico, Edward W. Said (Debate). La edición original de este libro es de 1983. 20 años después murió Said y recién entonces se publicó una versión en español. Su obra más conocida es Orientalismo, de 1978, donde desmonta rigurosamente el profundo equívoco contenido en la civilizadora y reductiva mirada de Occidente sobre su vecino cultural. Desde luego, su conocimiento de primera mano de ambos mundos lo convirtió también en un notable polemista político -un pesimista de oficio, eso sí- que combinaba por igual la lucidez y la pasión.Este libro, escrito a lo largo de 12 años, recoge ensayos y conferencias universitarias que ya en su momento destacaban la grandeza de Said en su faceta más propia, la crítica cultural. Aparte de largos y excelentes estudios sobre Swift y Conrad, dedica mucho espacio a la teoría y la discusión sobre el ejercicio de la crítica a través del análisis o la referencia a autores como Auerbach, Benjamin, Lukács, Renan, Marx, Foucault y Derrida, entre otros; y relaciona ese mundo, ya sumamente complejo, con la música y su interpretación. Una razón más para leer a Said, un muerto muy vivo que sigue causando polémica y enriqueciendo la mirada de sus lectores.

PEDRO GANDOLFO, editor Artes y Letras
Ilusiones pérdidas, Honoré de Balzac (Punto de Lectura). El libro que se me viene a la cabeza es Ilusiones Pérdidas, parte importante de la Comedia Humana. Allí aparecen descritos de manera estupenda el mundo de los periódicos, editores, escritorcillos, periodisticastros, sus grandezas y miserias. Balzac pone en acción algunos de sus personajes más célebres: el malvado y ambiguo Vautrin, a Rasticgnac y a Lucien de Rubempré, de quien diría Oscar Wilde más tarde (quizás cuando todavía no había sufrido lo suficiente) que el enterarse de su muerte fue el momento más triste de su vida.

PAULA RECART, directora revista Paula
El secreto de Joe Gould, Joseph Mitchell (Anagrama). Simplemente por ser una de las mejores piezas de periodismo narrativo que uno pueda leer. Son dos crónicas reunidas en un libro, ambas publicadas en el New Yorker con veinte años de diferencia. Maestro absoluto, Mitchell rebate la idea de que la ficción es la madre de la literatura y eleva la crónica a categorías de arte sin lugar a dudas.

PABLO SIMONETTI, escritor
La romana, Alberto Moravia (Losada). El único libro que podría recomendar es éste que estoy leyendo ahora porque me tiene absolutamente cautivado. Relata en primera persona cómo una joven de dieciocho años, tan bella como pobre, que alberga el sueño de constituir un hogar, se hace prostituta con la aquiescencia de su madre, su mejor amiga y un supuesto novio. La voz femenina es de una fluidez y naturalidad que hace difícil interrumpir la lectura. Y la intensidad dramática y poética que alcanzan ciertas escenas llega a ser arrebatadora. No sé si sea un libro especial "para periodistas", pero un libro pleno de hallazgos y de personajes inolvidables, es un libro especial para cualquiera."

OSCAR CONTARDO, periodista Artes y Letras
Los suicidas del fin del mundo, Leila Guerriero (Tusquets). La periodista argentina Leila Guerriero no busca submundos, conjuras ni sectas satánicas. Sólo describe un pueblo de provincia de la Patagonia argentina. La provincia tediosa, el futuro bajo sospecha, las tardes eternas y un pueblo que se termina acostumbrando a que la gente se mate sin razones de peso, porque aparentemente tampoco las había para permanecer vivo. Una crónica que da envidia y un paisaje que me trae recuerdos.

NATALIA DEL CAMPO, directora radio Concierto
El club de la pelea, Andrés Gómez Bravo (Epicentro Aguilar). Uno de los libros que tiene relación con el periodismo y que me ha servido mucho es esta investigación de Andrés Gómez Bravo, subeditor de Cultura de La Tercera y colaborador de Radio Concierto. Es una investigación sobre los Premios Nacionales de Literatura y además de describir con detalles precisos los 47 autores que lo han recibido, Andrés se detiene en las peleas, en los ausentes como Enrique Lihn y Jorge Tellier, en las controversias y en la estrecha relación entre literatura y política. Cada momento histórico de Chile ha tenido premios nacionales de Literatura que identifican a su época. El libro es el del 2005 pero se mantiene fresco y como libro referencia obligatorio.